jueves, 31 de enero de 2013

23F: mareas ciudadanas contra los golpes de Estado. Hoy los golpistas son los mercados y la clase política.



                                                                   


El día 23 de este mes hará 32 años de la intentona de golpe de Estado. Aquél fue un golpe militar que pretendía acabar con la democracia y el Estado de derecho, con las libertades; es decir, un golpe ilegal mediante la violencia. Hoy, sin embargo, lo que nos encontramos son diferentes golpes a los derechos ciudadanos, a los derechos reconocidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos y que se encuentran también recogidos en la Constitución española; son golpes llevados a cabo desde el poder y con apariencia de legalidad. Lo que estamos viviendo es un golpe al derecho universal y gratuito a la sanidad, un golpe al derecho a la vivienda, al sistema público educativo, a la pensión digna, a lo salarios, a la irretroactividad de derechos adquiridos, a la propia Constitución (con su modificación expres).


Estos golpes de Estado tiene hoy como protagonista público al Gobierno y al partido en que basa su dominio, el Partido Popular. Pero fueron iniciados por el PSOE en la legislatura anterior. Este partido, en consecuencia, ahora propone pactos, en Andalucía –global- y en el Estado –sobre temas específicos, por ahora-, para hacer creíble una oposición para la que están deslegitimados. En la sombra, los mercados manejados por las élites económicas y financieras, bien ejecutados por la troika. Mientras el sistema se deteriora y los capitales huyen hacia la especulación financiera o los paraísos fiscales, los partidos se desangran por unas venas articuladas con el nepotismo y la corrupción que retroalimentaba al sistema.


La ciudadanía lo advierte, se indigna y se rebela. Lo hizo con el movimiento 15-M y el 25-S. Izquierda Unida participó de la rebeldía ciudadana y consiguió cierto reconocimiento electoral. Pero la iniciativa sigue estando en la ciudadanía y en sus movimientos. El Frente Cívico Somos Mayoría se ha lanzado como un reto espectacular de aglutinamiento ciudadano para conseguir que el poder quede en manos del pueblo. Julio Anguita, sabio, ha entendido el sentido pragmático del lenguaje. Discursos teóricos de gran capacidad heurística han perdido significativas referencias semánticas que estaban haciéndose ininteligibles. Y la rebeldía ciudadana reclama, sin más, poder del pueblo frente a los mercados, frente a los golpistas de la democracia y los derechos ciudadanos.


Por ello, la indignada ciudadanía, que ha constituido diversa mareas, se coordina para rechazar, como en aquel 23F de 1981 y días posteriores, el golpe a la democracia. Y esta marea seguirá con fuerza, a pesar de que los meapilas fieles de las iglesias partidarias continúen creyéndose en posesión de la verdad revelada por algún profeta y se opongan a esas iniciativas que escapan a su control. Ignoran que ese, o esos profetas, interpretaron y comprendieron una realidad social que no es la misma de nuestros días, por más que se acepte la explicación causal que ciertamente responde a los problemas económicos que vivimos. Ignoran también que, tal vez, como buen o buenos científicos sociales que eran, hubieran estado impulsando y acompañando a la marea ciudadana 23F para detener los golpes de Estado, para defender la democracia frente a la tiranía, para superar la degradación del ser humano a mera mercancía puesta a merced de los mercados. Lo que siempre se ha defendido desde la tradición republicana: la democracia  frente a la tiranía.



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