jueves, 25 de junio de 2015

jueves, 14 de mayo de 2015

III. Centralidad y moderación programática


Continuación de las entradas anteriores (publicadas el día 4 y 7 de mayo)


III.- Centralidad y moderación programática

A pesar de que el propio Pablo Iglesias ha explicado recientemente (artículo del diario  Público 20-4) que la centralidad que Podemos pretende ocupar no es el centro ideológico, las acusaciones sobre deriva hacia posiciones de centro de Podemos realizadas por miembros de IU es continua. La centralidad, cierto es, supone asumir las preocupaciones mayoritarias instaladas en la mayoría social. Estas preocupaciones fueron puestas de manifiesto por el movimiento 15M y tenían entonces un respaldo mayoritario de la población. Si hubiera que señalar sus principales ideas fuerza, ellas serían: la reivindicación de la dignidad humana poniendo la economía al servicio del ser humano, acabar con los privilegios de la clase política y hacer realidad la democracia. Los contenidos de estas aspiraciones, que es lo que puede figurar en los programas políticos, pueden ser más radicales o tener un carácter más gradualista, pero esos contenidos señalan claramente la centralidad de la disputa política. La centralidad es, por tanto, la canalización política del consenso surgido entre la multitud y las clases trabajadoras que ocupan la mayoría social, los de abajo. Así, frente al eje derecha-izquierda cuyos límites se encuentran difuminados y sus espacios ocupados por el centro ideológico, ahora la confrontación política se establece entre las élites, representada por la casta, y los de abajo, a lo que políticamente quiere representar Podemos.

Pero en paralelo también se acusa de moderación programática como prueba del centrismo. Y esa acusación proveniente de quien ha gobernado recientemente en Andalucía aplicando medidas de corte neoliberal, resulta sorprendente. Es verdad que algunas medidas que se defendieron desde Podemos hace tiempo ya no están incorporadas programáticamente (aunque eso no puede decirlo quien nunca las ha defendido, como la Renta Básica Universal). Pero no es menos cierto que los programas electorales, si se quiere romper con las actitudes demagógicas de los partidos tradicionales, tienen que ajustarse a lo realizable en una legislatura (4 años) y en el marco de las competencias de la institución que se trate. En eso consiste la responsabilidad política. Otros lo han denominado críticamente “resultadismo”.

Un tema bien diferente de lo realizable en el marco de una legislatura en un municipio o comunidad autónoma, sería plantear modelos productivos y de sociedad a los que se aspiran. Ese es otro debate que, sin duda, está presente en buena parte de la organización de Podemos y del que se irán tomando decisiones a medida que avance y se consolide el proyecto. Pero ni que decir tiene que la dignidad humana y el equilibrio en las relaciones con la naturaleza nucleará el ideario hacia el que se orientará la acción política futura de Podemos.  


jueves, 7 de mayo de 2015

II. La carencia de ideología

Continuación de la entrada anterior (publicada el día 4 de mayo)

II.- Carencia de ideología:

Este concepto no puede utilizarse alegremente como tan a menudo se hace por sus variados significados, no siempre posibles de discernir contextual y pragmáticamente. Algunos pretenden utilizarlo como sinónimo de referente teórico-político. Así, la identificación derechas, izquierdas, liberal, republicano, marxista, etc. y las  familias a las que han dado lugar estas tradiciones, serían la “ideología”. Pues en ese sentido, dado lo contradictorio de sus interpretaciones y errática puesta en práctica, lo más sensato es la carencia de ella.

Como la acusación proveniente de IU es que Podemos no se declara ni de izquierdas ni marxista, Podemos carece de ideología. Pero que algunos marxistas digan esto, parece con ello que olvidan el significado de ideología en el propio Marx. Para nuestro autor, la ideología es una falsa conciencia de la realidad, alienante y mistificadora, determinada por la estructura económica, y a ella habría que oponer el conocimiento científico. En ese sentido, si de lo que se trata es de cambiar una realidad político-social en la que la mayoría de la población está sufriendo las consecuencias de la crisis y han empeorado sus condiciones de vida, si se trata de dar fin a las políticas neoliberales y de desarrollar el Estado de bienestar,  de superar el régimen del 78 y hacer realidad la democracia, no hace falta una identificación ideológica, sino de dotarse de los dispositivos y la estrategia adecuada que permitan la consecución de esos objetivos. 

Pero además de dispositivos y estrategia, es evidente que esto presupone que se tienen determinadas ideas acerca de la justicia y modelos de sociedad que se persiguen. Este es otro de los significados del concepto ideología, ya alejado de cualquier determinismo económico y con cierto grado de autonomía. En este sentido nos referimos al conjunto de ideas que impulsan a la acción, a la transformación de la realidad. ¿Por qué, en consecuencia, debería pensarse que los hombres y mujeres de Podemos no tienen ideología? Preocupados por la degradación de la dignidad del ser humano y partiendo de tradiciones de pensamiento diferentes, como puedan ser el marxismo, republicanismo, cristianismo, ecologismo, libertarismo, etc., se puede confluir en la defensa de esa dignidad expresada en los derechos humanos.

Aunque han sido varios los autores que ejercen de referencia teórica en los dirigentes de Podemos (Gramsci, Laclau, Boaventura de Sousa…) parece que algunos dirigentes de IU quieren la adscripción en alguno de los –ismos tradicionales de matriz marxiana y, por tanto, la identificación como organización de izquierdas. Pero cuando se trata de  que la ciudadanía indignada, la multitud y las clases trabajadoras adquieran el empoderamiento y hegemonía para el ejercicio real del poder político que permita la transformación de la realidad, lo que se necesitan son los conocimientos que las ciencias sociales, económicas y políticas hoy posibilitan. Y para ello no es necesaria la adscripción a holismo ideológico alguno. En las ciencias experimentales, las teorías se consideran válidas si sirven para predecir y resolver problemas indistintamente quiénes hayan sido sus formuladores. Los dispositivos para transformar una realidad social y política son diferentes a las ciencias experimentales, porque el objeto, con la complejidad e inexatitud que supone, ahora trata de seres humanos, de estructuras sociales y del poder. Pero de nada vale seguir aplicando obcecadamente teorías basadas en análisis de épocas y sociedades diferentes y que han mostrado sus insuficiencias.

Como decía Foucault, ningún historiador tiene por qué declararse marxista, pero difícilmente puede estudiar historia sin hacerlo desde la teoría de marxiana, al igual que el físico no necesita citar a Newton cuando investiga sobre un problema de su área de conocimiento. Cuando se trata del poder político, todas las aportaciones teóricas tienen que tenerse en cuenta si sirven para el objetivo emancipatorio perseguido. Y para eso no es necesaria la adscripción -siempre excluyente- a ninguna ideología (para quien guste de ese concepto) o teoría política.

(Continuaremos en unos días)

lunes, 4 de mayo de 2015

Las críticas desde la izquierda a Podemos: una irresponsabilidad para el empoderamiento ciudadano y la superación del régimen del 78 (I. La confluencia)



Si un partido se propone dar fin al régimen del 78, el modelo socio-político y económico surgido de la transición, es normal que reciba la hostilidad de las fuerzas políticas y poderes que apoyaron dicho régimen. Por tanto, la envestida mediática y política contra Podemos era previsible. En un enfrentamiento enormemente desigual para Podemos, con escasos recursos y contando con apoyos solo en medios digitales, incluso abandonado de algunos programas televisivos que le habían dado un tratamiento favorable, podía entreverse una pérdida de simpatías por parte de sectores de población de menor cultura política y capacidad crítica, como parece estar sucediendo.

Lo que no era tan previsible es que las fuerzas de la izquierda que parecían  cuestionar el régimen del 78 –o al menos, algunos sectores de las mismas-, se lanzaran también en esa campaña para desgastar a Podemos. Me estoy refiriendo a miembros de IU, de las fuerzas integradas en la coalición, y personas cercanas a ella. Ello se está produciendo de forma pública y notoria desde que las encuestas empiezan a señalar un descenso en la intención de voto a Podemos, como sucede también con la propia IU. La consigna mil veces repetida y dirigida hacia Podemos es que tiene que cambiar de estrategia y confluir en una coalición. Veamos el sentido de estas propuestas:

1.- Confluencia

Los llamamientos hacia una confluencia, hacia la formación de una coalición tipo Syriza que integrara a todas las fuerzas de izquierda, en rigor, IU y Podemos, a la que habría que sumar Equo, se justificaría por el aumento de la fuerza y el atractivo electoral. Pero no se realiza ningún análisis o explicación que pueda corroborar tal cosa. Es más, hoy Podemos es la única marca que está en condiciones y tiene la fuerza suficiente para intentar ganar unas elecciones. IU está en declive y su discurso político, extraño a los planteamientos de Podemos, es más una rémora que restaría apoyos al proyecto de Podemos. IU aúna unas prácticas políticas, fruto de sus experiencias en gobiernos autonómicos, de colaboración con el PSOE y enquistamiento institucional a la vez que una identificación con idearios de muy escasa aceptación entre la población. Que IU sea percibido como una fuerza política que aspira a mantener al PSOE y que algunos de sus dirigentes puedan ser acusados de casta, es consecuencia de la línea política de la coalición. Para Podemos sería un lastre tener a estos compañeros de viaje.

Por otro lado, gran parte de los miembros de IU saben que la única posibilidad de sobrevivir y tener cierta presencia institucional es concurriendo electoralmente junto a Podemos (siempre y cuando obtengan una buena cuota dentro de esa coalición). Sobre la base de ese escenario, resulta incomprensible que traten de desgastar a Podemos con el aumento de sus críticas. Más sentido tienen las de aquellos dirigentes (especialmente de IU Madrid, pero también presentes en toda la organización) empeñados en mantener a IU como fuerza autónoma y que, por tanto, quieren competir con Podemos en el mismo caladero de votos. Pero aplicar la condición de adversario político a quien teóricamente no lo es también jugará en contra de sus expectativas.  

(Continuaremos en breve)

miércoles, 25 de febrero de 2015

Legal e ilegal, moral e inmoral. ¿Vale todo contra Monedero? La doble vara de medir.



Las acusaciones sobre la ilegalidad de numerosas medidas tomadas por representantes públicos han sido frecuentes y han alcanzado a prácticamente a todas las instituciones del Estado, desde la Monarquía a los ayuntamientos, y a casi todas las fuerzas políticas que tienen presencia institucional. Como resultado, numerosas denuncias han acabado en los tribunales de justicia con imputados y condenados por delitos (como malversación de caudales públicos, prevaricación, falsedad documental, apropiación indebida, etc.) además de la exigencia de responsabilidades políticas a los autores directos y a los dirigentes que los nombraron para los diferentes cargos desde los que actuaron.

En general, con las sentencias judiciales y, en menor medida, con el señalamiento de las responsabilidades políticas, acompañadas de algunas que otras dimisiones, se han cerrado estos casos. Pero en política siempre hay un más difícil todavía. Sobre todo cuando se trata del linchamiento de alguien que señala el agotamiento de un régimen, el régimen del 78, y la casta que lo ha gestionado. En este caso, los medios de comunicación, todos, adalides de ese régimen que se agota, salen en defensa de la casta y reproducen sistemáticamente el mismo mensaje (repetirlo muchas veces no lo hace verdadero) tratando de desprestigiar a la persona que cuestiona sus privilegios. Ya no se trata de un cargo público ni de alguien cuya actividad haya estado relacionada con las administraciones públicas. La ilegalidad buscada ha girado en torno a la vida profesional del ciudadano y dirigente político de Podemos, Juan Carlos Monedero. Sin embargo, todas ellas han sido desmontadas por él mismo. Ni ocultó dinero en paraísos fiscales ni en cuentas opacas al fisco: los ingresos de su empresa tributaron a hacienda como permite la ley.

En el escarnio que se pretende, se exige el contrato y el contenido del informe elaborado por el que la empresa de Monedero recibió los 425.000 euros. Petición un tanto extraña, pues esos informes, sujetos a confidencialidad, a quien compete hacerlos públicos si consideran que esa información puede ser divulgada es al ALBA, la alianza de varios países latinoamericanos que fue quien los encargó y pagó (que es lo mismo que sucedería con los informes que el asesor P. Arriola elabora para el presidente M. Rajoy -que nadie ha visto ni pedido ver-).

Pero para sorpresa, hemos oído algo hasta ahora desconocido. Ya no se insiste en la ilegalidad, sino en una supuesta inmoralidad. Se achaca que sería inmoral realizar cobros desde una empresa unipersonal y tributar como empresa en vez de hacerlo como rendimientos del trabajo. Se dice (cuestión que Monedero niega) que haciéndolo de esa manera habrá pagado a hacienda una cantidad inferior, y eso sería una inmoralidad. Una ministra señala que incluso esa forma de tributar, si se generalizase, pondría en riesgo los servicios públicos. Increíble. Parecen estar sosteniendo que hay leyes que son inmorales, leyes a las que cualquier ciudadano puede acogerse, como han hecho muchos profesionales, sin que nadie diga nada acerca de cambiarlas. Se ha utilizado, en este caso, para acusar solo al dirigente de Podemos, no a las decenas de miles que tributan a través de empresas unipersonales.

Para evaluar si una acción es inmoral, hay que hacerla desde unos principios o criterios morales. Si el criterio que se utiliza es la contribución a la hacienda pública en función de las rentas para mantener los servicios básicos al conjunto de la población, (el cual se deduciría del principio de la consideración del ser humano como un fin en sí mismo, de la necesidad de preservar su dignidad) el sistema legal impositivo es una gran farsa inmoral; y quienes lo mantienen están obrando, en consecuencia, de forma inmoral. Peor aun, al contribuyente, particulares y empresas, se le ofrecen multitud de posibilidades fiscales a la hora de cumplir sus obligaciones ante la hacienda pública. La inmensa mayoría, por no decir la práctica totalidad, se acoge a las que le son más favorables, y hasta ahora, nadie lo ha considerado una práctica inmoral.

¿Qué es lo decisivo desde el punto de vista moral a la hora de efectuar los pagos a hacienda? La moral pública puede ser positivizada y, entonces, como cualquier otra norma jurídica, es de obligado cumplimiento. Pero si una vez positivizada permite un abanico de posibilidades al contribuyente, entonces es el criterio moral del contribuyente quien tiene que orientarle en la elección. Hay contribuyentes que invierten en una SICAV para apenas pagar impuestos (es legal) y quienes se aplican todas las deducciones posibles. Es de suponer que el Estado puede mantener los servicios públicos con una recaudación sobre ese escenario, escenario que es el que realmente se produce. La inmoralidad del sistema recaudatorio se incrementaría pidiéndole un mayor esfuerzo fiscal, una mayor generosidad llamando a acogerse al tipo de declaración menos favorable al contribuyente de rentas medias (y así mantener el nivel esperado en la recaudación), mientras a las rentas altas se les permiten las medidas de ingeniería fiscal para apenas contribuir. Si el ciudadano Monedero tributa sus trabajos para el ALBA a través de una empresa (y es dudoso que pague menos de esa forma, una vez que haya tributado por los dividendos obtenidos) y los ingresos obtenidos no los dedica a incrementar su patrimonio o al lucro personal, no solo es legal y legítimo, sino acorde a deseables criterios de moralidad pública (la supuesta inmoralidad solo reside en las hipócritas personas que ocultan sus verdaderas intenciones cuando lo acusan). Si a esto le añadimos que los ingresos obtenidos por Monedero tenían como función la participación en un proyecto mediático alternativo al oligopolio informativo existente, no solo no fue inmoral su declaración a Hacienda, sino que la gestión económica de los ingresos que había obtenido tiene un valor añadido: que contribuye positivamente al pluralismo y la libertad, a mejorar la calidad de nuestra democracia. 


miércoles, 28 de enero de 2015

El 30 de enero, fecha del aniversario del asesinato de Gandhi, se celebra el día escolar de la no violencia y la paz.



                                                                             


                                                          Manifiesto leído en el IES Guadalentín.


Una vez más se celebra el aniversario de la muerte de Mohatmas Gandhi. En este homenaje queremos recordar y aprender de quien supo ver, con más claridad que ninguna otra persona, que la solución a los inevitables conflictos que surgen de la multiplicidad y complejidad de las relaciones humanas, si se pretende salvaguardar la dignidad humana, pasa inevitablemente por el respeto a la vida, a la vida humana; por lo que no cabe más alternativa para solucionar dichos conflictos que la búsqueda incansable de mecanismos que permitan una solución pacífica de los mismos.

En efecto, si decimos que el momento más elevado de la moralidad  se produce cuando un ser humano es capaz de entregar su vida por salvar la de otro y que la acción moral más repudiable, el momento más bajo de la moralidad, es aquél en el que alguien es capaz de quitar la vida a otro ser humano, nos encontramos que nuestra historia parece estar jalonada de muchos más momentos de este segundo caso que del primero. El siglo XX, con las guerras mundiales, el Gulag soviético, los campos de exterminio nazis, las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, la muerte por hambruna en países empobrecidos, pobreza extrema, etc., que parecen prolongarse en este siglo XXI con un sombrío panorama, cuando menos, nos invita a la reflexión. ¿Qué ha pasado? ¿No hemos aprendido nada de las enseñanzas de Gandhi? 

Hemos dicho que el conflicto es inevitable. La ambición humana, la lucha por el poder, la defensa de intereses económicos, la satisfacción de deseos y también, por qué no, la exigencia de derechos, pueden acabar en situaciones conflictivas, colisionando entre sí desde perspectivas que se presentan a sí mismas como legítimas o justificadas. En la defensa de ellas, el recurso a la fuerza es inevitable. Hemos dicho la fuerza, sí la fuerza, pero la fuerza de la razón, la de la palabra, no la razón de la fuerza.

La fuerza de la razón es, en primer lugar, reconocer al otro, al oponente, como un igual, como un ser racional al que se está dispuesto a escuchar, con el que se pretende dialogar; pero también, y en segundo lugar, es hablar con veracidad y con honestidad; por último hacerlo sin coacciones y tratando de que nos entienda. El acuerdo podrá ser posible o no serlo. Pero ese debe ser el camino. La dificultad no debe desesperarnos y dejarnos abandonar al recurso fácil de buscar la superioridad y vencer, el recurso de la violencia. Existen más instrumentos. No sólo los tribunales de justicia propios del Estado de derecho.

En nuestros conflictos cotidianos también puede imponerse la sensatez, la razón. Se pueden arbitrar sistemas de mediación, grupos y personas neutrales ante los que nos comprometemos para acatar las decisiones que establezcan. Ya funcionan en diferentes ámbitos como los profesionales, de la actividad comercial y también empiezan a funcionar en ámbitos escolares; pero tienen que extenderse a todos los ámbitos de la vida social. Se trata de superar la violencia desde los niveles micro, los pequeños, los conflictos que nos surgen a diario, hasta aquellos otros en los que, ya desbordándonos, intervienen grupos sociales o sectores de población, hasta llegar a los propios países o diferentes culturas. Incluso las civilizaciones. Se trata, decíamos, de avanzar hacia la paz perpetua de la que nos hablaba el filósofo ilustrado I. Kant. Es verdad que hablar de relaciones pacíficas en un mundo que parece en guerra permanente puede sonar algo ilusorio, pero el camino de la utopía que nos indicó el filósofo y el propio Gandhi, nos señala el horizonte hacia el que tenemos que avanzar.

El avance hacia ese horizonte serán pasos graduales en la disminución de la violencia y más específicamente de la violencia política, tanto a nivel interno, en la de cada Estado, como en el de las relaciones internacionales. En primer lugar, en nuestro propio país, como en cualquier país, debemos construir una sociedad justa, respetuosa con la multiculturalidad y administrada por un Estado social y democrático de derecho.

Pero la violencia va más allá de las pretensiones en nuestras propias sociedades. No se puede hablar de paz si las necesidades básicas no están cubiertas. Si la distribución de la riqueza impide que haya seres humanos, en cualquier lugar del mundo, que puedan satisfacer sus necesidades básicas y desarrollar sus capacidades, ello es otro tipo de violencia, la violencia estructural. Superar la violencia, también en este nivel, significa un reparto de la riqueza tal que, para cualquier persona, en cualquier país, nadie se vea impedido de tener los recursos que le permitan la misma esperanza de vida que en  los países más desarrollados y gozar de las mismas oportunidades que les permitan la puesta en práctica de las propias capacidades.

Por último, también se necesitaría una federación de pueblos libremente constituida y a la que se subordinaran los diferentes estados nacionales a fin de mediar en las diferencias que entre ellos pudieran surgir. Esta federación y sus tribunales, democráticamente constituidos, estarían dotados de poder, en el terreno jurídico, económico y político, suficiente como para dirimir los conflictos interestatales, corrigiendo y superando la actual estructura y funcionamiento de la ONU.

Para solucionar cualquier conflicto, por tanto, es necesaria la fuerza, la fuerza de la razón, que no es pasividad -como decía Gandhi- sino invitando a la palabra, al diálogo, o, llegado el caso, recurriendo a las instancias que arbitren soluciones que obliguen a las partes en conflicto. Pero también, frente a la injusta agresión, estructural o directa, racista o de género, ideológica o de clase, cuando las palabras ya no sirven, es resistencia pacífica, no violenta, resistencia en la denuncia, en difundir la situación, en concitar apoyos, en dar una respuesta colectiva y solidaria, en conseguir que el derecho esté con el débil, con el agredido. Ese fue el mensaje de Gandhi, esa fue su lucha y su vida. Por eso, hoy –y terminamos- lo decimos con él, “no hay caminos para la paz, la paz es el camino”. 




jueves, 15 de enero de 2015

El grito de desesperación de una madre en una tertulia televisiva con miembros del partido gobernante, anuncia el cambio en Grecia.


El día 25 en Grecia empieza el año en que la Europa de los pueblos exige el final de la Europa de los mercaderes. 



La rebelión que lleva gestándose en la ciudadanía europea frente al capital financiero y la troika (CE, FMI, BCE), podría dar un vuelco en las instituciones de algunos países europeos. El día 25 se celebran elecciones en Grecia y, según los sondeos, Syriza podría ser la fuerza más votada. Con ello se iniciaría el año del cambio, el año en que otra visión de Europa, la de los pueblos y la multitud, empiece a tomar el futuro en sus manos poniendo la economía al servicio del ser humano. 

Las razones de ese previsible vuelco en Grecia quedan patentes con la intervención de una madre en un programa de televisión. Era una tertulia a la que asistían representantes del partido gobernante. Hacer clic sobre el enlace

Grito de desesperación de una madre a los gobernantes griegos


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