lunes, 2 de julio de 2012

Un ejercicio de democracia directa sería que el pueblo andaluz decidiera en referéndum si acepta el plan de ajuste. IULV-CA tendría que consultar a sus bases, además, sobre la idoneidad de continuar con el pacto de gobierno.



El movimiento 15-M surgió desde la sociedad civil, fundamentalmente, por la indignación que produce el que las grandes decisiones políticas se tomen siguiendo los designios de fuerzas ajenas a la democracia. Entre ellas se encuentran los mercados financieros y la troika (CE, BCE, FMI). Pero desde las primeras protestas, la degradación de la calidad de la democracia ha ido en aumento.  A la reforma de la Constitución le han seguido la firma de acuerdos como el MEDE o la petición del rescate financiero que, entre otros aspectos, deja que importantes decisiones en materia de política económica sean tomadas por poderes financieros sin legitimidad democrática. Esa cesión de soberanía del Estado español hacia instituciones europeas aumenta, aun más, el alejamiento de la población respecto a los representantes políticos que lo han permitido. Por ello, junto a la exigencia de no ser tratados como mercancías, la demanda de la calidad de la democracia sigue estando presente en la mayoría de la población.

Los gobiernos están tomando decisiones que, según ellos, les vienen impuestas. En el caso del Gobierno central, por Bruselas; el Gobierno andaluz, porque le obliga el Gobierno central. Y a todos, los mercados financieros. ¿Y cuándo se le pregunta al pueblo acerca de lo que quiere? Se aplican políticas de austeridad que afectan a las condiciones de vida y trabajo de la mayoría de la población, se reduce el gasto público disminuyendo la calidad de los servicios público a la par que se inyectan fuertes sumas de dinero a la banca, y ningún representante político plantea qué opina el pueblo que lo eligió y al que dice representar.

En Andalucía se abrió un camino de esperanza con el ascenso de IULV-CA y su conversión en fuerza determinante para el ejercicio de gobierno. En su programa contemplaba la introducción de diversas medidas conducentes a la mejora de la calidad de la democracia. Evidentemente, al no ser fuerza mayoritaria, no se le puede exigir que todas y cada una de ellas se implanten en los primeros cien días de gobierno. Pero cuando las medidas que se toman son del calado como el plan de ajuste aprobado por el Gobierno andaluz, la consulta al pueblo  tiene que hacerse. Una fuerza política que presuma de integridad moral, de coherencia y honestidad, debe promover un referéndum para que sean los andaluces y andaluzas quienes decidan si aceptan ese plan de ajuste, los recortes a sus condiciones de trabajo y la calidad de los servicios públicos.

No esperamos gran cosa del resto de las fuerzas políticas, pero sí de IULV-CA. El ejercicio de democracia deliberativa y directa, como ha venido defendiendo el movimiento 15-M y que IULV-CA tiene asumido, tiene que convertirse en práctica habitual; empezando por las propias decisiones internas. Las bases tendría que contar con canales permanentes de participación y decisión. Hoy en día, las sedes de la organización y la extensión de internet, pueden facilitar enormemente la participación de las bases. La democracia digital, por tanto, puede empezar a ejercitarse en el seno de la organización; sin que tampoco tenga por qué ir en detrimento de la estructura organizativa, que sigue siendo necesaria. Pero lo cierto es que aquellas decisiones políticas que afectan a toda la ciudadanía en aspectos básicos, no deben quedar en manos de poderes extraños a la democracia y ser asumidas, exclusivamente, por un puñado de representantes. Por ello, pienso que IULV-CA tiene la obligación moral de plantear, con carácter inmediato, una consulta en la que las bases decidan sobre el plan de ajuste y sobre la conveniencia de seguir con el pacto de gobierno. Asimismo, siendo consecuente con los principios defendidos y asumidos programáticamente, debe promover que el pueblo andaluz sea consultado, mediante referéndum, acerca del plan de ajuste. Ambas consultas, ante las bases y ante el pueblo, marcarían el camino para avanzar en la calidad de nuestra democracia, para construir   una fuerza política con la que aspirar a otro modelo de sociedad.

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