martes, 15 de abril de 2014

Seguir construyendo el empoderamiento ciudadano: una tarea que tiene que multiplicar la fuerza mostrada el 22M.



Nadie puede negar el éxito de las movilizaciones del 22-M; no sólo por el número de ciudadanos/as indignados/as que ese día se dieron cita en Madrid (en lo que ha sido una de las mayores manifestaciones de la democracia) sino por el alto nivel de participación alcanzado entre movimientos, asociaciones y fuerzas políticas y sindicales convocantes de las marchas en las semanas anteriores. Han sido unas prácticas unitarias sin control de ninguna fuerza política y que han salpicado multitud de comarcas de todos los territorios del Estado español. Tanto las marchas a pie de las diferentes columnas (y los actos que organizaban a su paso) como las coordinadoras y plataformas creadas para promover las marchas, han supuesto un ejercicio de democracia directa y deliberativa que, aprovechando dicha experiencia, podría facilitar la construcción de formas organizativas unitarias, estables y desde abajo.

La pluralidad de reivindicaciones y la heterogeneidad de sujetos y sensibilidades expresadas en el movimiento, el hecho de que confluyeran en la consideración de que es la dignidad humana la que hoy está cuestionada, y que son unas políticas (las neoliberales) y unos poderes determinados (la troika y el bipartidismo) quienes quieren reducir el ser humano a mera mercancía, otorgan exponencialmente una potencialidad al movimiento que podría significar el fin del régimen de la transición. Es decir, el mismo hilo que iniciara el movimiento 15M, que tiene su continuidad en las mareas ciudadanas o los movimientos antidesahucios, es la cadena causal de las marchas por la dignidad. Ya no estamos hablando, estrictamente, de trabajadores con problemas laboral/sindicales –que también-; sino que más que eso, apuntan, conjuntamente con los movimientos ciudadanos, a las políticas y sus responsables desde los niveles más altos de la gestión. Por eso podían confluir trabajadores de Panrico con vecinos/as de Gamonal, personas desahuciadas con profesionales de la sanidad, o pensionistas junto a estudiantes, etc. Evidentemente hablamos de personas, todas ellas ciudadanas que pertenecen al 80 % de población con los ingresos económicos más bajos.

Aparecen señalados el pacto social y el pacto político, establecidos al final de la dictadura, como marco político que ha permitido el incremento de las desigualdades económicas y sociales, causas de fondo de la crisis, y que ha conformado una clase política enquistada en las instituciones que no tiene más proyecto que el ejecutar las decisiones tomadas por la troika siguiendo los criterios de los mercados financieros. Estos (los pactos) se agotan a la vez que aumenta la percepción ciudadana de que asistimos al final del régimen monárquico y del modelo bipartidista instaurado desde entonces.

La ciudadanía, los nuevos sujetos, se percatan con claridad del engaño de la crisis/estafa, de la pérdida de calidad de la democracia, de la manipulación mediática y de la degradación de las condiciones de vida y de trabajo, de la propia dignidad. Por eso, las marchas por la dignidad del 22M tienen que prolongarse en el futuro inmediato hasta conseguir otra forma de hacer política, otro modelo de sociedad, de integración territorial y otro modelo de Europa. Es también, el momento de iniciar un proceso constituyente y republicano.

Para ello, las movilizaciones ciudadanas tienen que continuar incrementando su número y fuerza. El otoño tiene que ser la fecha de nuevas marchas. Pero estas tienen que estar precedidas de movilizaciones contra los centros de poder: contra los poderes financieros, económicos, políticos y mediáticos: actos de resistencia civil no violenta que conlleven el boicot a las empresas y centros más representativos de cada sector (bolsas, bancos, grandes superficies...), huelgas de consumo energético que provoquen caídas súbitas del consumo, boicot a los medios de información, etc. Las capitales de provincia y sus centros neurálgicos tienen que ser el objetivo de las movilizaciones antes de las marchas sobre Madrid.

Hemos dicho en numerosas ocasiones que el miedo tiene que cambiar de bando y que no podemos permitir que las élites económicas dirijan la sociedad. Pues esa debe ser la tarea que los movimientos ciudadanos y alternativos (15M, antidesahucios, mareas, Frente Cívico, CGT, SAT, etc.) y fuerzas políticas que apoyan la necesidad del empoderamiento ciudadano para los próximos meses: conseguir que la democracia sea realmente autogobierno del pueblo.



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