martes, 1 de abril de 2014

A los 75 años del final de la Guerra Civil, la República como forma de Estado es la aspiración consecuente de un demócrata.



                                                                           
Último bando de guerra firmado por el general golpista F. Franco.
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El 1 de abril de 1939 se se dio por finalizada la Guerra Civil iniciada con el golpe de Estado dirigido por el general Franco. Tras el último bando militar (ver foto) sufrimos la larga noche (36 años) de la dictadura franquista. Finalmente, con la desaparición física del dictador en 1975, los acontecimientos parecían anunciar que el régimen vivía sus últimos días. Pero se inició entonces un proceso de transición que en el que, en lo esencial, el viejo dictador había dejado “todo atado y bien atado”. La Monarquía impuesta por el general Franco como forma de Estado dio continuidad a la hegemonía del bando de los ganadores de la fraticida guerra.

Conducida por los sectores que dominaban el aparato de Estado, desde el Movimiento Nacional se produjo el acercamiento hacia las principales fuerzas políticas, organizadas en la débil oposición, para alcanzar un pacto que permitiera unas elecciones homologadas en Europa. A tal fin se introdujeron las reformas necesarias sin que supusieran la ruptura con el régimen fascista anterior. La transición continuó con las elecciones de 1977 y, finalmente, con el referéndum que permitió la aprobación de la Constitución en 1978.

Los sectores sociales dominantes en la anterior etapa continuaron su situación privilegiada en la naciente democracia. La forma Estado tuvo continuidad en la Monarquía centralista, manteniendo el poder oligárquico de las mismas minorías e imponiéndose un escrupuloso silencio sobre la represión y crímenes del pasado. Los aparatos del Estado y el poder judicial permanecieron intactos mientras se consolidaba una partitocracia, apoyada desde la propia constitución y la ley electoral, que permitiría el establecimiento de la clase política que garantizase el statuo quo económico, sin que pudiera desarrollarse el Estado del bienestar tal como había sucedido en los países que entonces conformaban el núcleo central de Europa. Los privilegios de la minoría dominante permanecieron intactos, aumentando su poder y la desigualdad económica en el país desde entonces. La Iglesia católica, aliada del régimen anterior, continuó su intromisión en la esfera del Estado sin apenas revisión.

Herederos de aquella transición, hoy, se vive un panorama desolador en todas las instituciones del Estado, a la par que aumenta la desigualdad social y crece la desafección de la población respecto al poder político. El exceso de poder acumulado por unos pocos, las minorías económicas y financieras (grandes empresas y bancos) y la clase política, ha acabado por sobrepasar los límites que el Estado de derecho impone. Desde el propio monarca y la familia real, pasando por el Gobierno y los representantes parlamentarios, la corrupción amenaza por cualquier esquina. No hay institución sobre la que no recaiga alguna sospecha y en los tribunales se acumulan las imputaciones. Hasta los sindicatos oficiales, que han sido un bastión importante para consolidar una política regresiva hacia las clases trabajadoras, se encuentran entre las instituciones beneficiadas por el Estado y encausadas por posibles corruptelas.

Aquel modelo de transición, y la Constitución resultante, pudo responder a la correlación de fuerzas existentes en aquellos entonces, pero hoy no representan a la mayoría de la población. Sólo una exigua minoría de la actual población viva participó en aquel referéndum que la aprobó. La monarquía, que aparecía escondida en el articulado del texto constitucional, impidiendo que la población pudiera pronunciarse sobre la forma de Estado, es decir, entre Monarquía o República, carece ya de la escasa legitimidad con la que nació.

En consecuencia, lo que desde la ciudadanía se reclama, con más fuerza cada día, es la apertura de un proceso constituyente y la implantación de la República como forma de Estado. Es decir, dar fin a la continuidad del franquismo prolongado en la transición, en el modelo de sociedad y de Estado configurados desde entonces, para hacer realidad que la democracia sea el autogobierno del pueblo. Y esto es, simplemente, una aspiración de cualquiera que se considere demócrata.


domingo, 23 de febrero de 2014

La primera manifestación del Estado contra el golpe del 23F se produjo en Granada. Un relato personal sobre ese día en Granada y del que apenas ha circulado alguna información.


                                                                   
Tejero, al frente de un grupo de guardias civiles, secuestra la sede parlamentaria. 


Hoy se cumplen 33 años del intento de golpe de Estado protagonizado por el teniente coronel Tejero, quien al mando de un numeroso grupo de guardias civiles, asaltó el Congreso de los diputados. El  capitán general de Valencia, Jaime Miláns del Boch, movilizó al  ejército en su región militar poco después mientras el general  Alfonso Armada negociaba la configuración de un nuevo gobierno presidido por militares. Los movimientos en los cuarteles eran vacilantes y la amenaza de días de terror y represión se cernían sobre la población. La respuesta popular de rechazo al golpe, tras el miedo inicial, paulatinamente, iría surgiendo pasadas las primeras horas, hasta alcanzar las movilizaciones más masivas alcanzadas desde la transición.

La primera manifestación se produjo en Granada, media hora después de la entrada de Tejero en el Congreso. El relato de esta primera manifestación ha pasado casi desapercibido y las escasas referencias han sido incompletas. Por ello me propongo contarlas tal y como yo las viví.   

Desde varias semanas antes del golpe, aquel 23-F de 1981, estudiantes becarios protestaban por los retrasos en el pago de sus becas. La situación era especialmente grave, por cuanto eran jóvenes que dependían de ellas para proseguir sus estudios en Granada. Tras diferentes y fracasadas  gestiones, decidieron llevar a cabo un encierro en la iglesia de los jesuitas en la céntrica Gran Vía.

No muy lejos de allí, en la parroquia de S. Idelfonso , en la calle Real de Cartuja, miembros de la Comisión de Parados manteníamos también un encierro, con huelga de hambre incluida, en protesta por la nula respuesta de las instituciones, especialmente referidas al Gobierno Civil, para que librasen fondos, que podrían ser los propios del que hasta entonces había sido denominado empleo comunitario, en la capital granadina y contratando directamente a los parados organizados que reclamaban el puesto de trabajo.

En los días previos a la fecha del  “tejerazo”, un grupo de los estudiantes becarios visitó a los parados encerrados en S. Ildefonso. En aquella reunión se decidió convocar una manifestación el 23-F a las 19 horas en apoyo a ambos encierros. Hubo diferencias respecto al recorrido que debía tener la manifestación, pero como iba a ser el grupo de becarios quien la promoviera legalmente, se dejó el recorrido tal como se había propuesto; es decir, desde el Salón hasta la plaza de Colón.

Tras la marcha de los becarios de aquella reunión, los parados reunidos en la iglesia decidieron que ellos, una vez completado el recorrido oficial, seguirían en manifestación hasta la iglesia S. Ildefonso, donde permanecerían en todo momento los cuatro que estaban en huelga de hambre.

Este plan de la Comisión de Parados no gustaría a los becarios/as. Al conocer nuestras intenciones, el día 22 se acercó un grupo de ellos a la iglesia S. Ildefonso (1) para expresar su malestar. Entendían que los parados pretendían reventar la manifestación. Se les dijo que ni mucho menos era esa la intención, sino que como de lo que se trataba era de expresar la solidaridad con los encierros, lo consecuente era que los parados, una vez llegados a la plaza de Colón, continuaran por la Gran Vía hasta la calle Real de Cartuja, lugar de la iglesia. Y a esa marcha, se podría sumar quien quisiera. Los demás podrían, sin más disolverse. Se fueron no muy convencidos.

El día 23 por la tarde, mientras se ultimaban los preparativos para la manifestación: pancarta, hojas que quedaban por distribuir, etc. el transistor estaba encendido en el canal de la SER. A las 18: 30 retransmitían la sesión de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo cuando, aparte de los encerrados en huelga de hambre (tres, pues uno había abandonado un día antes), en el salón parroquial quedaban unas 3 ó 4 personas que se disponían a salir para el lugar de inicio de la manifestación. En ese momento oigo atónito el “quieto todo el mundo” de Tejero, los disparos y los sorprendidos comentarios del periodista. Llamo al grupo a punto de salir y les cuento lo sucedido mientras la radio continuaba de fondo. Quedamos en que no se modificaban los planes, pero que ahora se trataba, sobre todo, de manifestarse contra el golpe de Estado.

Cuando nos quedamos los tres huelguistas solos, prácticamente estuvimos de acuerdo en que el encierro teníamos que dejarlo. Si el capitán general de Granada decidía sumarse al golpe, siguiendo a Miláns del Boch en Valencia, entonces éramos carne de cañón, no tardarían los militares en presentarse en la iglesia. Además, teníamos que limpiar las casas de propaganda, esconder la multicopista, avisar a quienes pudieran no haberse enterado (aunque la mayoría estarían en la manifestación) y buscar un lugar seguro donde refugiarse mientras se mantuviera activo el golpe, especialmente aquellas personas que pudieran ser objetivo de una noche de “cuchillos largos” protagonizada por grupos de ultraderecha. Decido salir a la cabina telefónica más próxima, justo detrás del Gobierno militar. Se observa calma.

Realizo diversas llamadas telefónicas a la vez que los pensamientos circulan desordenadamente aplicando la ortodoxia: “la burguesía no puede darse un golpe a sí misma. Esto no puede triunfar. Será desde el mismo poder desde donde se frene esta locura. Tienen que ser los poderes fácticos (el propio ejército, la banca, la CEOE, la Iglesia, etc.) quienes lo frenen. No les interesa exacerbar un conflicto de clases, sus intereses han estado bien defendidos desde el ejecutivo y el legislativo”. Al fondo veo surgir desde la penumbra la silueta de mi madre. Increíble, vaya día que había elegido para hacerme una visita. “Mamá, ¿es que no te has enterado del golpe de Estado y de que ahora mismo hay una manifestación por el centro?” Se queda atónita. No sabía nada. “Coge el 11 al contrario, dirección Camino de Ronda, ahí en el Triunfo. Te bajas detrás de la Virgen de las Angustias. Esa zona ya estará tranquila para cuando llegues. Luego te llamo a la casa”. Le digo que probablemente dejaremos el encierro, pero que por ahora no sabía dónde pasaría la noche.

Cuando llegó el párroco, José Antonio Moreno, le cuento lo que ha pasado y que tomaremos una decisión respecto al encierro cuando termine la manifestación. Pasadas las 19:30 (en Valencia ya se había decretado el estado de excepción y el ejército se encontraba desplegado en las calles) oigo gritos de “contra el golpe, lucha obrera”. Un grupo de algo menos de 50 parados llegan al salón parroquial. Les doy las novedades sobre el golpe. Ellos cuentan cómo discurrió la manifestación: rápidamente se extendió la noticia y los gritos de los/as manifestantes se centraron en el rechazo al golpe, dejando en un segundo plano las otras reivindicaciones. Al llegar a Colón, casi todos/as se disolvieron exceptuando el grupo cabecero de parados, que marchaba tras la pancarta y que, con cierta desorientación, no sabían bien qué hacer. Siguieron, más por inercia que por otra cosa, por la Gran Vía. Ya sabían que las calles adyacentes estaban repletas de coches y furgonetas de los antidisturbios. Iban en silencio y, ciertamente, temerosos (eran pocos y se dudaba de cuál podía ser la reacción de la policía). Sólo al pasar el Gobierno Civil y doblar hacia la calle Real decidieron gritar con fuerza. La policía no intervino. Después se comentaría que algún grupo intentó alguna barricada, pero sin mayores consecuencias.

Debatimos la situación. Alguien informa que la sede de Fuerza Nueva, en el Humilladero, era un hervidero de militantes de ultraderecha. Nos llama la atención que la reunión se haya producido con esa celeridad, y que, incluso, hubiera actividad desde antes de la entrada de Tejero en el Congreso. Recogimos lo que se pudo y paulatinamente abandonamos el encierro. Nos despedimos de José Antonio, el párroco, quien, visiblemente preocupado, se afanaba por poner cierto orden en su despacho.

Desde mi refugio, comiendo algo tras una semana sin hacerlo, escucho el pronunciamiento de la cúpula militar, la JUJEM (Junta de Jefes de Estado Mayor) condenando el golpe y llamando al orden a las fuerzas armadas. Rafael Termes, presidente de la patronal bancaria, comunica su apoyo a la Constitución rechazando también el golpe. Ferre Salat, en nombre de la CEOE, hace los mismo. Por supuesto, se pronuncian otras fuerzas sociales y sindicales.

Esto se acaba: sin base social, sin apoyo de los poderes económicos, sin contar con el mando militar, el golpe no puede mantenerse durante más tiempo. También a pesar de las inquietantes declaraciones del secretario de Estado norteamericano (“el golpe era un asunto interno”).  ¿Pero qué ha pasado con el jefe del Estado? ¿No tenía que haber sido el primero en condenar la asonada, y como jefe supremo de la FFAA haber ordenado a las tropas el regreso a sus cuarteles? ¿No tenía que haberse dirigido a la Guardia Civil, que tenía secuestrado el parlamento, para que se entregasen? Van pasando las horas con el transistor encendido y, también, pendiente de cualquier ruido extraño  que pudiera oírse desde el exterior. Redacto el manifiesto de la Comisión de Parados que íbamos a leer en la asamblea convocada en la facultad de Ciencias. Antes de quedarme dormido (cerca de las 1:30 de la madrugada), oigo el comunicado del Rey.

Comentaba al principio que había una incompleta alusión a esta primera manifestación contra el golpe. En concreto me refiero al libro de Alfonso Martínez Foronda, “La cara al viento” (Ed. Páramo). En este libro, su autor, solo se refiere como entidad organizadora de la 1ª manifestación del Estado contra el golpe a la Comisión de Becarios, mencionando también a diferentes partidos de izquierda que la apoyaron. Es curioso que en ese mismo libro se refiera a la noticia que apareció en el diario Patria, el día siguiente, haciéndose eco de la manifestación y que, según el titular de la misma noticia, fue convocada por la comisión de becarios y la comisión de parados conjuntamente. Sin embargo, Martínez Foronda parece ignorar ese hecho. Que sepamos, esta noticia del diario Patria, ha sido la única referencia en algún medio o libro sobre la presencia de la Comisión de Parados en dicha manifestación. Valga este relato como contribución veraz sobre lo acontecido.


1.- La elección de la iglesia de S.Ildefonso fue debida a su ubicación en una barriada obrera, castigada por el paro y la pobreza, y a que el párroco y un buen número de feligreses (pertenecientes a las comunidades cristiano-populares) mantenían un fuerte compromiso con los sectores desfavorecidos de la población. Durante la transición y hasta que el párroco fue trasladado, esta iglesia estuvo siempre abierta a los movimientos e iniciativas populares
              

lunes, 17 de febrero de 2014

Unir a la izquierda o unir a la ciudadanía indignada. Podemos como como revulsivo de la izquierda.



Se aproximan las elecciones al Parlamento Europeo y las fuerzas políticas que se han posicionado contra la aplicación de las políticas neoliberales, que en el Gobierno del Estado han sido PP y PSOE y en las comunidades autónomas CiU y PNV, han protagonizado diversos intentos de aproximación o confluencia que, por ahora, no están fructificando en nada. La búsqueda de esa amplia coalición de izquierdas, abierta a los movimientos ciudadanos organizados, ha tenido en “Suma, la ciudadanía primero” uno de los proyectos que más recorrido han tenido. Pero hay otros intentos aun en marcha, como los protagonizados por la izquierda soberanista o los pretendidos por Equo y Compromís, que por ahora no acaban de fructificar. El caso es que muchos de esos intentos han empezado a titubear en cuanto “Podemos”, la iniciativa lanzada por P.Iglesias y J.C Monedero, con el apoyo de Izquierda Anticapitalista, ha salido a escena.

“Podemos” ha surgido en un momento en el que se encontraba atascada la ansiada confluencia de las fuerzas antineoliberales. Lo cual era algo previsible. En el proceso “Suma…” el motivo no podía ser otro que el reparto de la representatividad o confección de las candidaturas electorales. Era evidente que la fuerza política dominante tenía su hoja de ruta establecida y la apuesta por su candidatura, encabezada por Wily Meyer, decidida. Así, nunca iba a proceder a unas elecciones primarias para la elección de la misma.

Cuando se pretende unir a la izquierda, lo cual solo puede hacerse desde estructuras ya organizadas, pueden utilizarse dos vías: considerando cada militante un voto, independientemente de la fuerza política a la que pertenezcan, dando lugar en ese proceso a una coalición de afiliados de las fuerzas de izquierdas, o una coalición establecida por las direcciones de los partidos, que tendrán que cuantificar su peso y exigir la representación en los órganos de poder y en las candidaturas de modo que sea proporcional al mismo.

La primera de esas propuestas va contra la propia naturaleza de los partidos políticos, estructuradas jerárquicamente y cuyo funcionamiento se regula según el principio del centralismo democrático. Por tanto, salvo que una revolución interna se impusiera en todas la fuerzas de izquierdas, es una propuesta condenada al fracaso. La segunda, que tiene más visos de realidad, pasa por el reconocimiento de fuerzas minoritarias y aceptar el papel que le imponga la fuerza mayoritaria, es decir, IU. Pero aceptar ese diferente peso teniendo en cuenta los últimos resultados electorales, es difícil que puedan aceptarse por quienes consideran que la relación dada desde entonces ha variado, o por quien ni siquiera concurrió a esas elecciones, como CLI-Alternativa Socialista o asociaciones ciudadanas como el FCSM y otras. Tampoco las fuerzas políticas soberanistas querrían verse subsumidas en un proyecto liderado por las fuerzas de ámbito estatal.

En este impasse, Podemos corta el nudo gordiano: lanza el proyecto e invita a participar en condiciones de igualdad al que se sume. Y además, no distingue entre fuerzas políticas y asociaciones o movimientos ciudadanos. Ha sido lanzado desde arriba, cierto, pero con la intención de generar la fuerza que permita remover a la ciudadanía, a los movimientos y organizaciones sociales y políticas para que participen en el proyecto. Lo ha hecho con tanta energía, que no caben dilaciones. O se participa, o se queda fuera del proyecto. No hay más componendas. Y lo novedoso frente a los otros intentos de confluencia (a excepción de Alternativas desde Abajo) es que no es un llamamiento exclusivo a la izquierda real, sino a los de abajo, a la ciudadanía indignada, a la mayoría de la población y, además, es consciente de que los procesos electorales solo son un medio más en la movilización continua hasta que el poder real esté en manos del pueblo.

La centralidad de los objetivos planteado por Podemos ha cambiado: unir a la ciudadanía y conseguir su empoderamiento. Objetivo que es el mismo que inspira a movimientos ciudadanos como el FCSM, lanzado por J. Anguita, y en el que está embarcado desde entonces. Pero también era la aspiración del 15M y lo que en la práctica, hoy, representan las mareas ciudadanas. En todos ellos, en cierta manera, parece estar presente el ideal libertario (que siempre lo ha estado en nuestra cultura) de empoderamiento al margen de las estructuras partidarias. En ese proceso, las fuerzas políticas tendrían un papel subordinado a las iniciativas y a las estrategias que se fueran gestando desde la ciudadanía organizada.

Sin embargo, el órdago lanzado por Podemos acelera todos los procesos en marcha y abre la posibilidad de la participación electoral en las próximas convocatorias, empezando por las europeas. Un buen número de personas ligadas a los movimientos ciudadanos asisten a las presentaciones públicas y empiezan a participar en los círculos de apoyo. La expectación levantada es tal que, en el actual momento, las fuerzas soberanistas (gallegas, catalanas, vasca, andaluzas), Equo y Compromís, están obligadas a definirse en próximas semanas. Pero si no aceptan participar en el proyecto de Podemos, corren el riesgo de reducir su presencia (también en su propio territorio) o convertirse en fuerzas marginales.

Izquierda Unida puede ver amenazada su hegemonía entre la izquierda real (y sus aspiraciones al 15 %) si no acepta la invitación cursada por los portavoces actuales de Podemos y decide competir concurriendo en solitario. Aunque la centralidad del discurso entre Podemos e IU es diferente, y los objetivos, una vez pasadas las elecciones europeas, también pueden serlo (mayoría para gobernar en el caso de Podemos, o ser determinantes para forzar pactos con otros partidos repitiendo la experiencia andaluza en el caso de IU) los planteamientos programáticos (aún por definir en Podemos, pero anunciadas sus líneas generales) no parecen distar mucho el uno del otro. Donde aparecen las resistencias por parte de IU es en aceptar las primarias para elegir al candidato y, en el futuro –si la militancia no lo impide-, a coparticipar desde abajo en condiciones de igualdad en la formación del nuevo referente político. Hasta ahora lo único que IU ha manifestado es su disposición a ampliar la coalición integrando a otras fuerzas políticas y a la incorporación de militantes de las asociaciones movimientos ciudadanos. Esa cerrada posición de IU frustraría la posibilidad de generar una mayoría suficiente para conseguir la gobernanza política.

Cierto es que la precipitación de Podemos en lanzar el proyecto no facilita el acuerdo con IU ni que la ciudadanía indignada, a través de movimientos y asociaciones, haya podido involucrarse activamente desde el primer momento. Pero una vez pasadas las elecciones europeas, tal vez pueda reorientarse el objetivo de unir a la ciudadanía en un proceso desde abajo, asambleario y democrático que, sin exclusiones, permita que la mayoría social sea también mayoría política. Una mayoría para conseguir la apertura de un proceso constituyente, una democracia participativa y directa y un modelo de sociedad en el que la economía se ponga al servicio del ser humano.


martes, 11 de febrero de 2014

Seminarios Miradas al Mundo: “La oportunidad republicana: El miedo tiene que cambiar de bando”



Noticias y Eventos del Instituto de la Paz y los Conflictos

Sesión 15 de los Seminarios Miradas al Mundo: “La oportunidad republicana: El miedo tiene que cambiar de bando”

La primera sesión, del curso 2013-2014, de los Seminarios “Miradas al mundo”, organizados por el Instituto de la Paz y los Conflictos de la Universidad de Granada, es la siguiente,

- “La oportunidad republicana: El miedo tiene que cambiar de bando”.
  • Ponente: Juan Carlos Monedero. Dpto. de Ciencia Política y de la Administración.
  • Universidad Complutense de Madrid.
  • Fecha: Miércoles 19 febrero 2014, 19 h. 
  • Lugar: Salón de Actos de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Edificación (antigua E. U. de Arquitectura Técnica). Campus de Fuentenueva.
Esta sesión está coorganizada con Unidad Cívica Andaluza por la República (UCAR)  y con el Frente Cívico Somos Mayoría-Granada. Colabora Granada Laica.
Están previstas ya, las siguientes sesiones de los referidos seminarios, cuya fecha y lugar de celebración se anunciarán en su momento aunque, generalmente, tendrán lugar en el Salón de Actos del Centro de Documentación Científica (C/ Rector López Argüeta sn):

  • “Noviolencia y movimientos sociales”. Ponente: Mario López Martínez. Instituto de la Paz y los Conflictos y Dpto. de Historia Contemporánea. Universidad de Granada
  • “Democracia I: Democracias Participativas. Dispositivos de transparencia y participación ciudadana”. Ponente: Juan Díaz Ramos. Fundación de los Comunes y Casa Invisible.
  • “Democracia II: Entre lo Público y lo Privado, los Comunes. Hacia un Proceso Constituyente con la Carta por la Democracia”. Ponente: Juan Díaz Ramos. Fundación de los Comunes y Casa Invisible.
  • “La ciudad que queremos”. Mesa redonda. Ponentes aún por confirmar.
  • “Vivienda y conflictos sociales. Respuestas”. Ponentes aún por confirmar.
  • “Renta básica”. Ponentes aún por confirmar.

Progresivamente, en la página del Instituto, en la sección dedicada a los Seminarios “Miradas al mundo” (http://www.ugr.es/~eirene/actividades/miradasalmundo.html) se publicará información más detallada y documentación acerca de cada una de estas sesiones.

Todas las sesiones, que serán actos públicos, abiertos a cualquier persona interesada, están también coorganizadas con el Grupo Contenidos UGR-15M (más información sobre este grupo, en https://n-1.cc/g/acampada-granada:-facultades+facultades:-grupo-contenidos-ugr-15m).

viernes, 17 de enero de 2014

La indignación ciudadana tiene que expresarse en el cambio político, pero las prisas por constituir candidaturas para las elecciones europeas perjudican el proyecto de empoderamiento ciudadano.


                                                                       
Pablo Iglesias encabeza la candidatura "Podemos".

Una nueva candidatura al parlamento europeo, auspiciada por Izquierda Anticapitalista (IA), pretende concurrir tratando de dar expresión a la población indignada que en los últimos años ha participado en los movimientos ciudadanos, como el 15M o las mareas. Como cualquier fuerza política, IA tiene plena legitimidad para someterse al veredicto popular. Lo extraño ha sido que el anuncio de la candidatura coincida mientras IA participa en un proceso de reagrupamiento de fuerzas de la izquierda como es “Suma, la gente primero”.

Se sabía de las dificultades del proceso iniciado por “Suma…” y era previsible que acabara diluyéndose, tal como está sucediendo. También era previsible que las fuerzas políticas y los movimientos que no aceptaran integrarse o la hegemonía de la principal fuerza, Izquierda Unida, intentarían otras coaliciones. O, en las asociaciones y movimientos ciudadanos, proyectos que vayan más allá de las elecciones europeas.

Con todo, lo sorprendente del anuncio de esta nueva candidatura ("Podemos"), es que las figuras más emblemáticas que han firmado el manifiesto y que encabezarán el proyecto, hayan sido Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias. Sorprendente porque ambos venían defendiendo un discurso acerca de la necesidad de empoderamiento de la ciudadanía, tal como viene haciéndolo el FCSM fundado por J. Anguita. Y este proyecto no se resuelve sin más con la configuración de una candidatura, por muy bienintencionados que sean los objetivos de la misma. Se me puede objetar que ambos procesos pueden discurrir en paralelo y alimentarse mutuamente. Pero iniciar unilateral y separadamente el proceso e identificarse con lo que es una parte, debilita el potencial aglutinador de los movimientos ciudadanos sobre las demás fuerzas políticas, aquellas que aceptan la subordinación de la economía y los mercados a las necesidades del ser humano, la de quienes promueven un nuevo modelo de democracia como autogobierno del pueblo.

La fuerza de los movimientos ciudadanos, llegado el momento, conseguirá que las bases militantes de las fuerzas políticas participen en el proyecto y que las direcciones no puedan imponer cuotas de poder. Quien se excluya por esos motivos, puede pasar a la marginalidad, como sucedió con partidos de la izquierda tradicional en países como Venezuela que no participaron en el movimiento lanzado por Hugo Chávez. Pero antes, la tarea, es fortalecer a los movimientos ciudadanos, dotarles de la estructura organizada mínima para que puedan ser operativos de forma sostenida en el tiempo. Ese proceso de acumulación de fuerzas no puede ralentizarse por ninguna convocatoria electoral, al menos hasta alcanzar la fuerza suficiente para un ejercicio real del poder.  .

P. Iglesias y J.C. Monedero son personalidades que, sin duda, tienen un gran predicamento entre los movimientos ciudadanos. Ambos se han destacado en los medios y en actos públicos como críticos del sistema y del bipartidismo que lo mantiene. Ambos han defendido las reivindicaciones que han movilizado a los diferentes movimientos. Y sería unos excelentes portavoces de sus demandas. Pero se han apresurado en su decisión. Podrían ser voces públicas en las instituciones representando a los de abajo cuando las condiciones hubiesen madurado. El impulso que su presencia otorga a una parte del movimiento organizado, que puede ser exitosa si a lo único que se aspira es a una mínima representación y porcentaje electoral, jugará en contra de una operación de mucha mayor envergadura: aquella que pueda ser mayoritaria y capaz de imponer el proceso constituyente que devuelva la soberanía al pueblo. Y eso hay que conseguirlo con pasos firmes y seguros, aunque se vaya despacio. Tal como Anguita nos ha advertido en más de una ocasión.  


sábado, 14 de diciembre de 2013

Plutocracia o aristodemocracia. Tribulaciones de un profesor al explicar en clase el orden moral y la política en Platón.


                                                                 
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En la filosofía de Platón ocupa un lugar central una obra de su madurez en la que está contenido lo fundamental de su pensamiento y la dimensión práctica del mismo: la República. En ella expone Platón todo su filosofía, pero es, sin duda, la justicia el tema que le interesaba en este magno estudio. Por eso, parte de sus textos suelen ser de lectura obligatoria entre el alumnado de bachillerato, así como esta obra en su conjunto lo es para el alumnado de la facultad de Filosofía.

Cuando en estos días andamos explicando la filosofía de Platón, y más en concreto, el orden moral y político que propone como modelo de sociedad, necesariamente tenemos que hablar de la justicia en el Estado. Es bien sabido que para suscitar el interés del alumnado, los profesores/as utilizamos referencias actuales que inciten a la contrastación y al debate. En mi caso, la primeras preguntas que suelo hacer en clase, respecto al tema que comento, es la del porqué tiene que haber Estado y dónde reside la legitimidad del mismo. Y nos introducimos en las propuestas de Platón: el Estado tiene como función promover la virtud y la justicia, tanto individualmente como socialmente, y es una condición necesaria para que los ciudadanos/as puedan conseguirse una vida feliz. 

Tras el debate, ya es imposible sustraerse a la crítica de nuestro presente: el fin moral del Estado no existe y este no es más que un simple aparato de poder al servicio de minoritarios sectores de población, sectores económicos y financieros que, además, intervienen o utilizan la representación política para incrementar sus privilegios. Pero la crítica no se agota en la función del Estado. En la división funcional que Platón establecía para el modelo de sociedad, asignaba a los sabios, condición que se alcanzaba tras un largo proceso educativo, el ejercicio de la dirección de la sociedad. Pero para este grupo social, como para los guardianes, Platón incluye también medidas de carácter moral para impedir el egoísmo, el lucro personal y la corrupción que puede acompañar el ejercicio del poder: quedan excluidos de las ventajas económicas (1) que pueden disponer otros grupos sociales, como es el de los productores. El poder social y político de los gobernantes, por tanto, se justifica y adquiere legitimidad en el hecho de ser los más dotados (2para el ejercicio del mismo.

Entonces, mano alzada, la voz inconformista pregunta cómo es posible que en nuestra sociedad no aparezcan los mejores, cómo es posible que sea la oligarquía, que se esconde tras el eufemismo de los mercados, quien ostente el poder global, cómo es posible el poder político actúe movido por intereses económicos. La respuesta, necesariamente, tiene que partir del reconocimiento de que no son las personas que con esfuerzo han alcanzado la formación adecuada, las que tienen la altura moral y humana para promover la virtud y la justicia, quienes hoy nos dirigen; sino una decadente clase política que se mantiene a sí misma en un sistema social que favorece a una minoría privilegiada.

Sí, en efecto, la aristodemocracia, las mejores personas para la dirección de la sociedad y la función pedagógica que les corresponde, como también señalara Blas Infante, las que el propio pueblo reconoce entre ellas, se encuentran sustituidas por una plutocracia, por un gobierno de los ricos. ¿Hablamos de política? No, estábamos hablando de Platón.




(1En concreto, Platón propone que ni puedan acceder a la propiedad privada ni constituir familia propia.
(2) Los sabios o filósofos.

domingo, 1 de diciembre de 2013

La LOMCE reduce la presencia de los saberes filosóficos. Pero, ¿quién teme a la filosofía?



Con el voto favorable del partido gobernante, el PP, la LOMCE fue aprobada en su último trámite parlamentario. Son muchos los aspectos críticos y regresivos que introduce esta ley y que han sido contestados por buena parte de la comunidad educativa. En otras ocasiones he tratado alguno de ellos; pero hoy me voy a referir a la reducción de las enseñanzas filosóficas, tanto del currículum de secundaria como del bachillerato. Desaparece la Ética en 4º de ESO y la Historia de la Filosofía en 2º de bachillerato. Pero además, y como consecuencia de la disminución del número de docentes y de salidas profesionales, los estudios universitarios, los que se imparten en las facultades de Filosofía, también se verán extraordinariamente mermados. Y parece que estas propuestas, además de entre las élites económicas y políticas, gozan con cierto apoyo social. En ambos casos son los mismos hilos los que tejen ese temor a la filosofía y, por tanto, a la enseñanza de los saberes filosóficos.

Pero, ¿quién teme a la filosofía?

Entre esas personas siempre están las que son pragmáticas, las que buscan la utilidad y las consecuencias beneficiosas en todo lo que hacen. Impertinentemente, suelen presentarse con la pregunta: “y eso, ¿para qué sirve?”. Un saber que no está al servicio de nada ni de nadie, es un saber inservible.

También hay personas que, instaladas en el realismo ingenuo y asumiendo con indiferencia el mundo que les toca vivir, nunca se preguntan por nada. Para ellas, nada más absurdo que un saber que consiste fundamentalmente en interrogarse acerca de cuanto hay.   

Especialmente abundantes son aquellas personas que se acostumbraron a estar en minoría de edad, a que sean otras quienes dirijan su vida. Sea con normas religiosas, sociales, jurídicas o morales, estas personas gustan de esa cómoda existencia sin tener que asumir desde sí mismas ningún tipo de respuesta. Obviamente, no tienen necesidad de un saber que pueda incomodarles.

Si sucede que los criterios que se imponen en la ardua tarea de existir se reducen al aumento del bienestar material, todo saber que no esté orientado a esa tarea, carecerá de importancia. Para esta conciencia social utilitarista que domina en nuestra cultura, el saber filosófico no deja de ser una cuestión vocacional de personas excéntricas.

A veces hay personas que se preocupan, fundamentalmente en los días finales de su vida, por el significado de su vida y de su muerte. Pero esos momentos de angustia son sólo un instante, y también sólo en algunos casos, de una larga vida sin preguntarse si es posible que la vida o la muerte tengan algún significado. Nada ni nadie que pudiera plantearle tales cuestiones serán de su agrado. No lo será la filosofía.

Cuántas veces habremos sabido y nos habremos encontrado con personas satisfechas, personas que afirman sentirse a gusto como están. Incluso las hay que, aún más allá, sostienen que es el medio social en el que su vida se desenvuelve el que permite que puedan tener esa plácida existencia. Para estas personas, preguntarse cómo hemos llegado a ser lo que somos, es una molesta pregunta cuya mejor solución es erradicarla. Eso es lo que piensan de la filosofía.

Es verdad, no lo niego, que "los otros" se convierten en una fuente de sufrimiento, como también, en menor medida, o si se prefiere, más fugazmente, pueden serlo de gozo. Pero quien sabe vivir, sabe adaptarse a esas circunstancias. Significa, por tanto, esfuerzo por comprender al otro. Y un significativo número de personas, hoy en aumento, sin embargo, prefieren concitar sus temores en una parte de esos otros, a los que convierten en diferentes. Otros diferentes con los que expiar sus culpas y que actúa como sueño salvífico del infierno en que viven. Pero preguntarse por la existencia real de ese otro diferente, es preguntarse por la consistencia del sueño etnocentrista (¡qué vértigo!).

¿Quién teme a la filosofía? Empezábamos con esa pregunta. Y hemos ido destejiendo algunos hilos: cualquier individuo que se identifique con alguno de los grupos mencionados, que no agotan todos los posibles, tiene sobradas razones para sentir ese temor. ¿Es usted uno de ellos?